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sábado, 27 de febrero de 2016

Estudiosos ven en campaña electoral en EE.UU. que el estigma hispano perdura

MIAMI (FL, EEUU). Banderas de países participantes en la Cumbre Latinoamericana de Marketing Político y Gobernanza, el 24 de febrero. Los participantes destacaron la importancia del voto hispano en las elecciones presidenciales estadounidenses.DENVER. Las promesas de deportar masivamente a los inmigrantes indocumentados hechas por algunos de los aspirantes republicanos a la Casa Blanca han traído a la memoria en Estados Unidos la repatriación forzosa de más de un millón de personas de origen mexicano durante la Gran Depresión.
“No me gusta decir que la historia se repite porque no creo que sea así. Pero sí puedo decir que existen ciertos modelos de pensamiento que se transmiten de generación en generación”, dijo a Efe Francisco Balderrama, profesor de la Universidad Estatal de California en Los Ángeles.
Dos de los candidatos a la candidatura republicana para las elecciones presidenciales de noviembre, Donald Trump y Ted Cruz, han defendido las deportaciones masivas durante la campaña y el primero, que lidera la carrera, además ha insultado directamente a los indocumentados mexicanos y prometido crear un muro en la frontera, una idea ahora respaldada por el segundo, que es de origen cubano.
“Quienes hoy expresan sentimientos antimexicanos o antilatinos casi seguramente lo aprendieron o lo escucharon de sus abuelos”, dijo Balderrama, quien enumera algunas expresiones reveladoras: “ustedes no pertenecen aquí”, “ustedes son extranjeros” o “un mexicano siempre será mexicano y nunca estadounidense”.
En la década de los años 30, en el marco de la Gran Depresión económica que afectó a Estados Unidos, por lo menos un millón de mexicanos y sus hijos fueron deportados -”repatriados” fue el término que se usó- mediante un esfuerzo coordinado del gobierno federal, autoridades locales y grandes empresarios.
Según Balderrama, los modelos de pensamiento y los patrones de conducta que dieron origen a aquellos “actos inconstitucionales” siguen vigentes, a pesar de los innegables cambios demográficos y legales de las últimas ocho décadas.
Incluso interpreta que el estigma contra los mexicanos que causó las deportaciones “todavía está aquí”. “El escenario ha cambiado, pero la actitud no”, aseveró.
Balderrama destaca que esas actitudes no tienen en cuenta ni la cantidad de años que un inmigrante ha pasado en Estados Unidos, ni sus contribuciones a la comunidad ni la ciudadanía de esa persona.
“El 60 % de los deportados durante la Gran Depresión eran ciudadanos estadounidenses”, enfatizó.
Los deportados hace ocho décadas eran “personas como yo mismo”, dice otro experto, Esteban Gómez, antropólogo y director interino del Museo de Estudios Culturales de la Universidad de Denver.
La mayor parte de aquellas deportaciones o “repatriaciones de mexicanos” se realizaron en California, Colorado y Texas.
“No fueron algo voluntario como ‘repatriación’ sugiere”, dijo Gómez.
Ambos académicos coincidieron en que existen similitudes entre lo sucedido en el pasado y lo que se propone en la actualidad, como la idea de una cooperación entre autoridades federales y grandes empresarios para fomentar y facilitar las deportaciones masivas creando un “clima de ansiedad y temor” entre los mexicanos.
“El antiguo Servicio de Inmigración y Aduanas (INS) trabajaba con compañías ferroviarias, automotrices y metalúrgicas para deportar a mexicanos. Se decía que era para el bien de ellos, para que estuviesen con su propia gente y hablasen su propio idioma”, observó Balderrama, autor de “Década de Traición” (2006).
Para el escritor e historiador Tim Z. Hernández, profesor en la Universidad de Texas en El Paso, esas “historias de marginalización” siguen siendo tan desconocidas hoy como lo fueron en el momento en el que sucedieron.
Y no se trató solamente de deportaciones, dijo Hernández. Por ejemplo, en 1962 en Los Ángeles se demolió la comunidad mexicana “Chávez Ravine” para hacer lugar para el Dodger Stadium y en 1972 en Denver se tumbaron decenas de viviendas de familias méxico-estadounidenses para construir un campus universitario.
“Esas son las historias que no se incluyen en los libros de texto ni se enseñan en las escuelas, pero que deberíamos conocer”, afirmó.
Para este escritor, el “clima de ansiedad” del que habla Balderrama aún existe entre los mexicanos y los descendientes de mexicanos, incluso entre aquellos que son ciudadanos estadounidenses o que han estado en el país por varias décadas, “por lo que puede llegar a pasar”.
La desconfianza surge, explicó, porque tanto hace ocho décadas como en la actualidad “se usa la retórica” y se ignoran los nombres y los detalles particulares de las “vidas humanas afectadas por las políticas inmigratorias”.
Gómez, por su parte, concluyó que los 13 millones de latinos registrados para votar en las elecciones presidenciales de EE.UU. en noviembre de 2016 “deben saber que tendrán un papel decisivo”.  EFE

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